Los tres días que pasamos en el centro de acogida de Laï han sido de conocimiento del medio que nos rodea, la primera reunión de trabajo no estaba programada hasta el jueves, estuvimos de maravilla. La gente se ha volcado completamente con nosotros, no sólo los cooperantes, también los trabajadores chadianos y el pueblo en general. Cada hora que pasaba encerraba multitud de nuevas historias y sensaciones. La llegada fue de por sí impactante, nos mostraron nuestra habitación y, sorpresa, nuestra vecina era una flamante avestruz llamada Pepita. Llevan tiempo alimentándola para poder celebrar en unos meses la construcción del puente con el que se podrá pasar el Logone sin esperar al famoso bac. En estos tres días la hemos cogido bastante cariño, se asomaba cada mañana por la ventana de nuestra habitación para darnos los buenos días, pero seguro que dará de comer a muchas bocas.
Jacqueline, regenta el centro con una increíble dedicación, ha sido como una madre para nosotros, atendiéndonos constantemente. En este recinto protegido encierra multitud de actividades que dan vida a Laï, principalmente la radio Effata. Es la única radio que se escucha en la zona y, junto a los bares, es una de las pocas fuentes de ocio. La gente va con la radio colgando de aquí para allá, esperando que comience la programación. La radio es coordinada por Alice y Jean, el técnico de sonido, chadiano pseudo aragonés. Ha tenido la oportunidad de ir en un par de ocasiones a Zaragoza para completar su formación, incluso habla español. Se ha convertido en otro de nuestros nuevos amigos y siempre que podemos nos pasamos por la radio a saludarle, hablamos de cómo va el Real Zaragoza, nos enseña fotos, nos pone música chadiana o simplemente hablamos de Francesc y Mireia, sus grandes amigos. Nos cuenta como vivió su visita a Barcelona, la playa, el barsa…
No os comentamos una de las cosas que más nos sorprendieron en kelo. Bueno, por supuesto que por aquí abundan las camisetas del barsa, juventus, Milán, incluso de shakira! Pero sin duda lo más fuerte fue ver como había muchos bares donde poder ver la Liga Española en directo, Mallorca, Villarreal, Bilbao, Madrid, Barça....todos los partidos!
La programación de radio Effata es mucho mejor de lo que nos podíamos imaginar: noticias locales, internacionales, deportes, historia, música, programas infantiles, incluso la gente puede llamar. La radio da vida a la zona. Todo bajo la supervisión de Alice, que también dirige la imprenta de la diócesis, una máquina de fotocopias, una guillotina y una encuadernadora.
En el recinto también se encuentra el departamento de construcción, dónde trabaja Jean Nicola, el otro cooperante francés, un joven ingeniero de Lyon. Al lado se encuentra el departamento de Justicia y Paz y la sede de la BELACD, la ONG local, que coordina las CECI, las cajas de ahorro en las trabajamos.
Tuvimos la oportunidad de visitar a pie Laï, con la compañía de Alice, más que domada en estas situaciones. El nudo en el estomago era necesario para poder andar por la calle principal. Laï es mucho más rural que Kelo, no tiene carreteras asfaltadas y hay muchos animales por las calles. Es habitual ver cruzar a la familia de pollitos o la piara de cerdos, famélicas vacas o sedientas ovejas. El olor es a veces un tanto similar a la granja escuela de nuestra infancia, mezclado con el de las hogueras, donde se queman a diario los pocos desperdicios que se generan.
Sorprende la felicidad de la gente, especialmente la de los niños. La música es constante, cánticos y tambores. Los funerales se celebran con largas fiestas y las muertes son más que habituales, así que funerales diarios. También los niños hacen cánticos a la luna, las estrellas, o simplemente porque están contentos, sí, se les ve contentos. Máxima pobreza y máxima alegría. Alegría por una pelota hecha de plásticos atados, por una lata chafada o simplemente porque pase un nassara. Creemos que tenemos cosas que enseñarles, tal vez algo, pero no somos conscientes de los que tenemos que aprender de ellos. Valores más que perdidos en nuestro mundo.
Todavía estábamos adaptándonos a nuestro nuevo medio y todo impresionaba. Recuerdo especialmente cuando fuimos por primera vez al mercado a buscar unas tarjetas para el móvil (por cierto nuestros números chadianos son 002343526696 y 002343526697). La calle comercial de Laï es un cúmulo de pequeños locales donde venden bastantes cosas. Las miradas son incesantes, los niños nos saludan constantemente regalándonos sonrisas de oreja a oreja. Nos metimos por callejón de poco más de medio metro de anchura y aparecimos en el mercado de productos agrícolas, una maraña de esterillas bajo techos de paja, donde las mujeres vendían. Había bastantes productos de huerta, tomates, cebollas, ajo, patata, también alguna legumbre, arroz, y bolsitas pequeñas de azúcar, harina y aceite de cacahuete. Era difícil andar sin cerrar la boca, sin pisar a alguien o algo, ni dejar de golpearte constantemente la cabeza con las techumbres de paja.
Al rato giramos de nuevo por otro callejón estrecho y de nuevo la misma escena, pero esta vez dedicado al textil y calzado. Las telas aquí son muy bonitas, abundan los colores y los diseños espectaculares. Nos queda muy poco para encargar un traje typical chadian y ponernos un poquito a la moda.
Juan, el técnico mañico, nos hizo también una visita a la zona. Quedamos con él a las 13.30, justo después de comer, para dar un sofocante paseo por el Longone. Aquí las temperaturas no son muy elevadas durante la noche, no más de 20 grados, pero os aseguro que durante el día suben mucho mucho, y a la 13.30 es un momento álgido, pero ya sabéis, no se puede decir que no a nada. Estuvimos un buen rato andando sobre el margen seco del río, que en la estación de lluvias se inunda salvajemente. Nos presentó a sus amigos, nos enseño la forma de pescar tradicional, con red y canoa inestable, además del proceso de fabricación de ladrillos de barro, aprovechando cualquier pequeño charco. Nos encontramos un cráneo de elefante, con toda seguridad traído por alguien ya que por aquí no hay animales tan grandes. Después, como no, una buena cerveza en un bar local. El problema de las cervezas es encontrarlas frías, los más afortunados tienen frigos de gasolina, la mayoría las enfrían con sacos de hielo.
Conocimos nuestra nueva casa, una monada, situada en el centro de la ciudad, a la que nos mudaríamos días después cuando estuviese bien adaptada. La compraron hace unos 10 días, y está todavía en proceso de construcción. Las habitaciones son grandes, especialmente la nuestra, baño completo con agua corriente aunque no potable, cocina a gas con frigo de gasolina, comedor y, en la entrada, han hecho una especie de porche, forrado de mosquiteras, un verdadero placer pasar ahí las noches a la luz del farol. El jardín está seco como la mojama, bastante normal, aunque sí que hay un pozo, de dónde sacamos el agua para regar los limoneros que, en la estación de lluvias se plantaran con la esperanza de que agarren. El pozo además sirve para que nuestros vecinos puedan coger agua o darse una duchita en nuestro jardín. Cada vez que salimos por la puerta, vienen los niños a saludarnos, que bueno comenzar el día con una sonrisa suya y un apretón de manos.
Estamos felices y contentos, sanos por ahora, aprendiendo mucho de muchas cosas, y echando un poquitín de menos a la gente que queremos. Pero nada de tristezas! Nos hemos adaptado mucho más rápido de lo que habíamos pensado. Los 6 meses se nos van a hacer mucho más cortos de lo que creíamos………….
viernes, 23 de enero de 2009
miércoles, 21 de enero de 2009
Empapándonos de realidad
La noche estuvo acompañada de nuevo por el grito de los minaretes, la música de los tambores y las canciones populares, unos días después comprenderíamos por qué. Kelo es una ciudad con bastante movimiento, menos que la capital pero mucho más que Laï. Nos despertamos a eso de las 7.30 de la mañana, con el trasiego de personas que comenzaban a entrar en la parroquia para la misa de los domingos. Entre que nos duchamos, desayunamos y nos vestimos, la misa ya había comenzado, y nuestra salida del apartamento de Carlos fue todo un acontecimiento, cientos de personas nos miraban asombrados. Nos sentamos discretamente en un banco de los del final de esa especie de teatro al aire libre, que inaguraron hace poco nuestros amigos de ADANE, creo que lo podéis ver en las fotos de Francesc. Aquí la religión es algo muy importante, para todos nosotros somos de la misión católica, un cura y una monja. No puedes decir que no crees en nada, para ellos es un síntoma de rareza, ¿Cómo no vas a creer en algo? Y en parte se entiende, sería toda una frustración que todo lo que les espera en la vida es lo que ahora tienen, es decir, nada.
La verdad es que había mucha gente. Nuestro banco permaneció vacío durante un buen rato, nadie confiaba en nosotros al no haber sido presentados a la comunidad, de hecho Carlos se olvidó de hacerlo y nos pidió disculpas por ello. En la paz, un cúmulo de personas se amontonó a nuestro alrededor, especialmente niños. Fue gratificante sentir la aceptación y el respeto de los demás. No entendimos prácticamente nada, todo era en francés, aunque también traducían a lenguas locales, ese día no recuerdo bien cuál tocaba.
Son muchos los nombres de lenguas, etnias y pueblos que nos van diciendo, pero asimilamos pocos. Nos gustaría hablar seriamente de esos asuntos, identificar a que tribu pertenece cada uno, fácilmente distinguible por los diferentes rasgos, tonalidades de piel, vestimentas y decoraciones, pero todo a su tiempo.
También tuvimos la primera oportunidad de escuchar los ritmos africanos en directo, tambores, palmas, chillidos de toda clase, especialmente de mujeres, y como no, esa fantástica batería de latas, tocada con unas finas ramas, de la cuál también habíamos oído hablar antes de venir.
Las instalaciones que tiene allí son increíbles para la zona: salón de actos, con proyector y altavoces; sala de juegos, con algún monopoly y scrabble; sala de ordenadores, cuatro; biblioteca, bastante vacía (por cierto, aprovechando que nos siguen gente especializada en el tema, creo que podríais hacer una buena labor en este asunto, en francés)
Al acabar la misa se nos acercó mucha más gente a saludarnos, todo el mundo muy amable. Especialmente (Victorin),cocinero en el centro de acogida de Notre Dame, cómo veis abundan estos hostalillos, y humbert) uno de los animadores de la CECI de Kelo, recién contratado. Las CECI, son las Cajas de Ahorro y Crédito de la Inmaculada,proyecto al que nosotros pertenecemos, y el trabajo de los animadores es fundamentalmente para dar a conocer a las comunidades todos los detalles y fomentar el ahorro. Bueno ya habrá tiempo de comentar este punto, por ahora solo somos turistas.
Carlos se fue a recorrer otros pueblos de la zona a lomos de su burra, una Honda con bastante buena pinta, así que nuestros nuevos amigos se ofrecieron para mostranos la ciudad. Salimos a pie por la carretera asfaltada que recorre Kelo. A un lado y a otro se amontonoban los comerciantes que vendían un poco de esto y poco de aquello, principalmente comestibles como caña de azúcar, algo de textil y gasolina en botellas. Las gasolineras por aquí son así, pequeñas mesas de madera con botellas de litro y garrafones.
Las sensaciones que pudimos vivir en este rato son indescrptibles. Era nuestro primer contacto verdadero con la gente, y empezábamos a sentir la extrañeza habitual de los recién llegados, continuamente observados. También vivimos los primeros momentos de lo creíamos que era tensión, que luego se convertiría en una inofensiva anécdota más, especialmente cuando un grupo de hombres recriminaba a nuestros guias amigos el estar siempre con blancos, diciéndoles cosas del tipo “os estais poniendo palidos con tanto nassara cerca!!”, pero sin mayor problema, unas sonrisa, un saludo respetuoso y a seguir el camino. Callejeamos por toda la ciudad de barro, llena de animales por cada rincón, hasta llegar a la casa de Victorin. Nos presentó a su familia, nos enseño su hogar,y pudimos apreciar de primera mano las forma de vida.
Al entrar por la puerta exterior, aparecías en un patio donde la mujer estaba preparando la famosa bola de mijo que, con una salsa poco apetecible, es la única comida diaria de la mayoría de la gente.
La casa era lo más humilde que os podeis imaginar, un cuarto en el que dormía el con su mujer y a los pies de la cama, un pequeño colchon donde duermen los niños más pequeños. Al lado otro cuarto para el resto de hijos, y eso es todo.
Victorin, tiene la suerte de regentar además un bar, unos troncos en el suelo y un pequeño solar amurallado y fabricabar allí su propia cerveza, de varios tipos: roja, negra y blanca. Nos invitaron a probar y probamos, tampoco sabía mal del todo. Cuando veo las fotos que hicimos de los bidones, que intentaremos colgar en cuanto tecnicamente podamos, nos preguntamos como tuvimos el valor de hacerlo. Nos explicaron todo el proceso de elaboración con todo detalle, enseñándonos cada uno de los pasos.
Después otro impactante paseo y de nuevo otra cerveza, esta vez una Castel, de las embotelladas. Nos lo pasamos realmente bien, hablando de todo un poco y nos entedían en francés!!!
Nos invitararon a comer con las monjas de Kelo, Maria Angeles una andaluza fotcopia fiel de Concha, la madre de Gabi, que llevaba decenas de años por medio mundo, especialmente en el Congo, y Sussane, una conloñea que hablaba perfectamente español. Hicieron una tortilla de patatas en nuestro honor, pasta, carne guisada y papaya, como siempre. Por cierto, ahora que sale el Congo por primera vez, nos gustaría agradecer a nuestro profesor de francés y amigo Ileka Gene todo lo que hizo por nosotros durante los meses previos a venir aquí.
Al rato vino a buscarnos Miguel Angel para regresar a Laï, tenáimso que darnos prisa porque a las 5 era el últimos Bac para atravesar el río y si no llegábamos a tiempo, la única alternativa son unas inestables canoas de madera.
A pesar de las prisas llegamos puntuales para coger el último. Fuimos todo el camino escuchando Mocedades y Ana belén, cuando de repente Mariu divisó, en sus ansias de ver algo más que las inmensas explanadas, la sombra de una bestia que surcaba lentamente las aguas del Longone…un hipopótamo!!
Llegamos al centro de acogida de Lai y conocimos a todos los personajes que se convertirían, con el paso de los días en nuestra familia adoptiva, especialmente Jean Nicolas y Alice, los cooperantes franceses. Aquí nos quedaríamos durante unos días, hasta adaptar nuestra nueva casa, comprada hace unos días, en el corazón de Laï.
P.d: Las crónicas están redactadas por los dos, a luz de nuestro farolillo de dinamo, debajo de nuestra amiga la mosquitera, sudando la gota gorda.
La verdad es que había mucha gente. Nuestro banco permaneció vacío durante un buen rato, nadie confiaba en nosotros al no haber sido presentados a la comunidad, de hecho Carlos se olvidó de hacerlo y nos pidió disculpas por ello. En la paz, un cúmulo de personas se amontonó a nuestro alrededor, especialmente niños. Fue gratificante sentir la aceptación y el respeto de los demás. No entendimos prácticamente nada, todo era en francés, aunque también traducían a lenguas locales, ese día no recuerdo bien cuál tocaba.
Son muchos los nombres de lenguas, etnias y pueblos que nos van diciendo, pero asimilamos pocos. Nos gustaría hablar seriamente de esos asuntos, identificar a que tribu pertenece cada uno, fácilmente distinguible por los diferentes rasgos, tonalidades de piel, vestimentas y decoraciones, pero todo a su tiempo.
También tuvimos la primera oportunidad de escuchar los ritmos africanos en directo, tambores, palmas, chillidos de toda clase, especialmente de mujeres, y como no, esa fantástica batería de latas, tocada con unas finas ramas, de la cuál también habíamos oído hablar antes de venir.
Las instalaciones que tiene allí son increíbles para la zona: salón de actos, con proyector y altavoces; sala de juegos, con algún monopoly y scrabble; sala de ordenadores, cuatro; biblioteca, bastante vacía (por cierto, aprovechando que nos siguen gente especializada en el tema, creo que podríais hacer una buena labor en este asunto, en francés)
Al acabar la misa se nos acercó mucha más gente a saludarnos, todo el mundo muy amable. Especialmente (Victorin),cocinero en el centro de acogida de Notre Dame, cómo veis abundan estos hostalillos, y humbert) uno de los animadores de la CECI de Kelo, recién contratado. Las CECI, son las Cajas de Ahorro y Crédito de la Inmaculada,proyecto al que nosotros pertenecemos, y el trabajo de los animadores es fundamentalmente para dar a conocer a las comunidades todos los detalles y fomentar el ahorro. Bueno ya habrá tiempo de comentar este punto, por ahora solo somos turistas.
Carlos se fue a recorrer otros pueblos de la zona a lomos de su burra, una Honda con bastante buena pinta, así que nuestros nuevos amigos se ofrecieron para mostranos la ciudad. Salimos a pie por la carretera asfaltada que recorre Kelo. A un lado y a otro se amontonoban los comerciantes que vendían un poco de esto y poco de aquello, principalmente comestibles como caña de azúcar, algo de textil y gasolina en botellas. Las gasolineras por aquí son así, pequeñas mesas de madera con botellas de litro y garrafones.
Las sensaciones que pudimos vivir en este rato son indescrptibles. Era nuestro primer contacto verdadero con la gente, y empezábamos a sentir la extrañeza habitual de los recién llegados, continuamente observados. También vivimos los primeros momentos de lo creíamos que era tensión, que luego se convertiría en una inofensiva anécdota más, especialmente cuando un grupo de hombres recriminaba a nuestros guias amigos el estar siempre con blancos, diciéndoles cosas del tipo “os estais poniendo palidos con tanto nassara cerca!!”, pero sin mayor problema, unas sonrisa, un saludo respetuoso y a seguir el camino. Callejeamos por toda la ciudad de barro, llena de animales por cada rincón, hasta llegar a la casa de Victorin. Nos presentó a su familia, nos enseño su hogar,y pudimos apreciar de primera mano las forma de vida.
Al entrar por la puerta exterior, aparecías en un patio donde la mujer estaba preparando la famosa bola de mijo que, con una salsa poco apetecible, es la única comida diaria de la mayoría de la gente.
La casa era lo más humilde que os podeis imaginar, un cuarto en el que dormía el con su mujer y a los pies de la cama, un pequeño colchon donde duermen los niños más pequeños. Al lado otro cuarto para el resto de hijos, y eso es todo.
Victorin, tiene la suerte de regentar además un bar, unos troncos en el suelo y un pequeño solar amurallado y fabricabar allí su propia cerveza, de varios tipos: roja, negra y blanca. Nos invitaron a probar y probamos, tampoco sabía mal del todo. Cuando veo las fotos que hicimos de los bidones, que intentaremos colgar en cuanto tecnicamente podamos, nos preguntamos como tuvimos el valor de hacerlo. Nos explicaron todo el proceso de elaboración con todo detalle, enseñándonos cada uno de los pasos.
Después otro impactante paseo y de nuevo otra cerveza, esta vez una Castel, de las embotelladas. Nos lo pasamos realmente bien, hablando de todo un poco y nos entedían en francés!!!
Nos invitararon a comer con las monjas de Kelo, Maria Angeles una andaluza fotcopia fiel de Concha, la madre de Gabi, que llevaba decenas de años por medio mundo, especialmente en el Congo, y Sussane, una conloñea que hablaba perfectamente español. Hicieron una tortilla de patatas en nuestro honor, pasta, carne guisada y papaya, como siempre. Por cierto, ahora que sale el Congo por primera vez, nos gustaría agradecer a nuestro profesor de francés y amigo Ileka Gene todo lo que hizo por nosotros durante los meses previos a venir aquí.
Al rato vino a buscarnos Miguel Angel para regresar a Laï, tenáimso que darnos prisa porque a las 5 era el últimos Bac para atravesar el río y si no llegábamos a tiempo, la única alternativa son unas inestables canoas de madera.
A pesar de las prisas llegamos puntuales para coger el último. Fuimos todo el camino escuchando Mocedades y Ana belén, cuando de repente Mariu divisó, en sus ansias de ver algo más que las inmensas explanadas, la sombra de una bestia que surcaba lentamente las aguas del Longone…un hipopótamo!!
Llegamos al centro de acogida de Lai y conocimos a todos los personajes que se convertirían, con el paso de los días en nuestra familia adoptiva, especialmente Jean Nicolas y Alice, los cooperantes franceses. Aquí nos quedaríamos durante unos días, hasta adaptar nuestra nueva casa, comprada hace unos días, en el corazón de Laï.
P.d: Las crónicas están redactadas por los dos, a luz de nuestro farolillo de dinamo, debajo de nuestra amiga la mosquitera, sudando la gota gorda.
lunes, 19 de enero de 2009
Aquí va un poco más
(Dada la buena acogida que ha tenido nuestra primera crónica, hemos buscado un hueco para volveros a escribir, no os acostumbréis!!)
Como decíamos ayer, nuestra primera noche en Chad dormimos de maravilla, y cuando nos despertamos no sabíamos muy bien dónde estábamos, esa típica sensación de dormir en un sitio nuevo. Habíamos quedado en despertarnos a las 7, ya que el desayuno era hasta las 7.30, y vino a buscarnos Alice. Después de saborear un exquisito buffet de tostadas con nocilla, mermelada de mango y crema de cacahuete, acompañado con un buen café con leche (de polvo), apareció Carlos con Cristian y dos enormes frigoríficos subidos en la parte trasera del pick-up. Lo gracioso era que teníamos que viajar unos 400 kilómetros, de los cuáles más de cien son por un camino repleto de baches, agüjeros, piedras... Además hay que añadir, tanto en el camino como en la carretera, los cientos de personas que van y vienen de un lado a otro, animales que se paran en medio como si tal cosa (burros, bueyes, camellos, cabras, cerdos, gallinas, pollos, patos, vacas….), las caravanas incesantes de comerciantes y los camiones, que hacen la función tanto de transporte de mercancías como de personas, inimaginable verlos cargados de sacos y encima decenas de personas con los pies colgando. El viaje no se nos hizo pesado, estábamos totalmente asombrados con todo, era nuestro primer contacto con la luz del día en el corazón de África.
Tras un rato de viaje, tuvimos que parar en un pueblo de los muchos que atravesábamos para comprar unas cuerdas con las que poder atar mejor los frigos porque el camino empezaba a complicarse. Allí nos bajamos por primera vez del coche, Carlos nos dijo que era un sitio peligroso por los numerosos ladronzuelos que cogían lo que podían, así que decimos bajarnos para vigilar nuestro equipaje, sentados en la parte trasera de la camioneta. Pudimos sentir las primeras miradas, unas de curiosidad, algunas de desconfianza, éramos de los pocos Nassara (término que usan aquí para denominar a una persona blanca).
Después paramos a comer en Bongor, una ciudad bastante habitada, dónde hay otro centro de acogida. Allí tuvimos la oportunidad de conocer a los oftalmólogos de Zaragoza, dos señores y una chica joven, que ya habían terminado su labor en Dono Manga, y volvían a Djamena tras dos semanas por aquí. Por primera vez comimos lo que sería nuestro principal menú el resto de los días: arroz, carne guisada y papaya con limón. Sin más, emprendimos de nuevo nuestro viaje, pero el asfalto se terminaba.
Con la comida recién depositada en nuestras tripas, nos metimos en un incesante sube y baja, unos 80 kilómetros que se convirtieron en más de dos horas de viaje, dónde tampoco faltaba el tránsito de personas, animales y mercancías. El claxon se convierte en algo indispensable para circular sin atropellar a nadie, y los frenazos son habituales en el viaje, esperar a que pase el camello, se quite la bici o que se mueva el burro que se ha quedado petrificado en el medio.
El paisaje que acompañaba el camino era único, por un lado el río Longone, que pasa por Laï también, por otro las cientos de agrupaciones de pequeñas casas de barro.
Finalmente llegamos a Laï, descargamos los frigos y cómo no había mucho que hacer todavía por aquí, nos fuimos con Carlos a Kelo, donde el reside, treinta kilómetros por un camino todavía peor, atravesando el río Longone en una especie de barcaza, mitad de hierro, mitad de madera, donde subes con el coche para poder cruzar. El sube y baja no paró hasta llegar a Kelo.
Tras llegar no tuvimos más remedio que buscar un bar donde poder saciar nuestra sed con una buenas birras, cuando decimos buenas es porque además son de 0,65 cl, buen mareo después. Y allí estábamos sentados con Carlos y Cristian, como si tal cosa, en un humilde bar con techo de paja, con todo el mundo preguntando a Carlos quienes eran esos nuevos nassara. Porahí se acercaban los vendedores ambulantes, con las bicis cargadas hasta arriba, para vender de todo.
Carlos nos acogió en su pequeño apartamento, situado dentro de la parroquia que saca adelante con mucho esfuerzo y lucha diaria. Tras la sacristía, un cuarto con baño, un saloncito con una mesa y estanterías, y una cocina. Allí nos preparó unos huevos fritos con morcilla, que le habíamos traído de parte de su familia, con unos whiskys a palo seco, sin hielo y con un buen puro, como Dios manda. Tuvimos la oportunidad de estar un buen rato charlando de muchas cosas, y descubrir la gran persona que se esconde detrás de ese carácter del Norte.
Nos cedió su cuarto, con una buena cama, y él se preparó su mosquitera y su cama en el salón, se despertaba pronto como cada día (5:30 a.m), además al día siguiente era domingo y celebraba misa tras el muro de nuestra habitación a las 8 de la mañana.
De nuevo dormimos como niños…….
Como decíamos ayer, nuestra primera noche en Chad dormimos de maravilla, y cuando nos despertamos no sabíamos muy bien dónde estábamos, esa típica sensación de dormir en un sitio nuevo. Habíamos quedado en despertarnos a las 7, ya que el desayuno era hasta las 7.30, y vino a buscarnos Alice. Después de saborear un exquisito buffet de tostadas con nocilla, mermelada de mango y crema de cacahuete, acompañado con un buen café con leche (de polvo), apareció Carlos con Cristian y dos enormes frigoríficos subidos en la parte trasera del pick-up. Lo gracioso era que teníamos que viajar unos 400 kilómetros, de los cuáles más de cien son por un camino repleto de baches, agüjeros, piedras... Además hay que añadir, tanto en el camino como en la carretera, los cientos de personas que van y vienen de un lado a otro, animales que se paran en medio como si tal cosa (burros, bueyes, camellos, cabras, cerdos, gallinas, pollos, patos, vacas….), las caravanas incesantes de comerciantes y los camiones, que hacen la función tanto de transporte de mercancías como de personas, inimaginable verlos cargados de sacos y encima decenas de personas con los pies colgando. El viaje no se nos hizo pesado, estábamos totalmente asombrados con todo, era nuestro primer contacto con la luz del día en el corazón de África.
Tras un rato de viaje, tuvimos que parar en un pueblo de los muchos que atravesábamos para comprar unas cuerdas con las que poder atar mejor los frigos porque el camino empezaba a complicarse. Allí nos bajamos por primera vez del coche, Carlos nos dijo que era un sitio peligroso por los numerosos ladronzuelos que cogían lo que podían, así que decimos bajarnos para vigilar nuestro equipaje, sentados en la parte trasera de la camioneta. Pudimos sentir las primeras miradas, unas de curiosidad, algunas de desconfianza, éramos de los pocos Nassara (término que usan aquí para denominar a una persona blanca).
Después paramos a comer en Bongor, una ciudad bastante habitada, dónde hay otro centro de acogida. Allí tuvimos la oportunidad de conocer a los oftalmólogos de Zaragoza, dos señores y una chica joven, que ya habían terminado su labor en Dono Manga, y volvían a Djamena tras dos semanas por aquí. Por primera vez comimos lo que sería nuestro principal menú el resto de los días: arroz, carne guisada y papaya con limón. Sin más, emprendimos de nuevo nuestro viaje, pero el asfalto se terminaba.
Con la comida recién depositada en nuestras tripas, nos metimos en un incesante sube y baja, unos 80 kilómetros que se convirtieron en más de dos horas de viaje, dónde tampoco faltaba el tránsito de personas, animales y mercancías. El claxon se convierte en algo indispensable para circular sin atropellar a nadie, y los frenazos son habituales en el viaje, esperar a que pase el camello, se quite la bici o que se mueva el burro que se ha quedado petrificado en el medio.
El paisaje que acompañaba el camino era único, por un lado el río Longone, que pasa por Laï también, por otro las cientos de agrupaciones de pequeñas casas de barro.
Finalmente llegamos a Laï, descargamos los frigos y cómo no había mucho que hacer todavía por aquí, nos fuimos con Carlos a Kelo, donde el reside, treinta kilómetros por un camino todavía peor, atravesando el río Longone en una especie de barcaza, mitad de hierro, mitad de madera, donde subes con el coche para poder cruzar. El sube y baja no paró hasta llegar a Kelo.
Tras llegar no tuvimos más remedio que buscar un bar donde poder saciar nuestra sed con una buenas birras, cuando decimos buenas es porque además son de 0,65 cl, buen mareo después. Y allí estábamos sentados con Carlos y Cristian, como si tal cosa, en un humilde bar con techo de paja, con todo el mundo preguntando a Carlos quienes eran esos nuevos nassara. Porahí se acercaban los vendedores ambulantes, con las bicis cargadas hasta arriba, para vender de todo.
Carlos nos acogió en su pequeño apartamento, situado dentro de la parroquia que saca adelante con mucho esfuerzo y lucha diaria. Tras la sacristía, un cuarto con baño, un saloncito con una mesa y estanterías, y una cocina. Allí nos preparó unos huevos fritos con morcilla, que le habíamos traído de parte de su familia, con unos whiskys a palo seco, sin hielo y con un buen puro, como Dios manda. Tuvimos la oportunidad de estar un buen rato charlando de muchas cosas, y descubrir la gran persona que se esconde detrás de ese carácter del Norte.
Nos cedió su cuarto, con una buena cama, y él se preparó su mosquitera y su cama en el salón, se despertaba pronto como cada día (5:30 a.m), además al día siguiente era domingo y celebraba misa tras el muro de nuestra habitación a las 8 de la mañana.
De nuevo dormimos como niños…….
domingo, 18 de enero de 2009
Primera crónica!!
Por fin tenemos un rato para poder escribir algo después de unos primeros días de bastante movimiento. Ahora mismo nos encontramos en el centro de acogida de Laï, ciudad que será nuestro refugio durante este tiempo.
La aventura comenzó hace un par de días. Fue en la despedida en Barajas, cuando fuimos realmente conscientes de en dónde nos embarcábamos, o al menos eso creíamos. El viaje a París normal, la espera allí interminable. Cuando encontramos nuestra puerta de embarque empezamos a observar a quienes serían nuestros compañeros de viaje, un puñao de negros y muchos, casi todos, blancos, sobre todo militares alemanes. Tuvimos la desgracia de tener plazas separadas, aunque cercanas, uno detrás del otro. A mi izquierda un chadiano, café con leche, bastante joven, que se atrevió a romper el hielo cuando sirvieron la comida. Me contó que volvía a visitar a la familia tras 10 años en Canada. Se le veía muy nervioso, inquieto y pensativo. Puedo imaginar, o no, las sensaciones que le recorrían el cuerpo, las ganas de volver a ver a su familia, de recordar su ciudad, su casa, su infancia, su sitio. A mi derecha uno de esos bigardos alemanes con cara de asesinos, con el que también pude hablar un rato. Me contó que volvía por segunda vez a trabajar en la construcción de campos de refugiados en Darfur, le pregunté sobre sus sentimientos, cómo se sentía al trabajar en una zona tan dura, él nada, que muy bien, mucho polvo y calor, pero como si fuese una roca que ni sentía ni padecía por nadie, ni siquiera era capaz de dar una mínima opinión personal. Y ahí tenía, a cada lado, dos mundos completamente distintos. Ah se me olvidaba, en ingles con los dos.
La llegada a Djamena fue interminable, intentaba dormir las últimas horas pero era difícil, más aún entre esos dos armarios, pero sobre todo la incertidumbre ante lo que nos aguardaba. No podía parar de pensar que estaba volando sobre Africa.
Y por fin aterrizó el avión. Raquel nos había recomendado salir cuanto antes, los controles de aduana siempre son difíciles, más aún si estas en Africa y sobre todo si eres blanco, así que era mejor pronto, que los militares aún estaban tranquilos. Fuimos de los primeros blancos en presentar la documentación, en una humilde terminal, tras un pequeño cristal, un militar te hacía las típicas preguntas, pedía visados, etc. Después nada de los miedos que teníamos, ni registros, ni sobornos, ni maletas perdidas. Lo que sí veíamos era un movimiento incesante de personas de blanco, las que se suponía que tenían que revisar nuestra cartilla de vacunación, que por supuesto no nos revisaron, que saludaban a “amigos” que venían en nuestro vuelo, unos abrazos, y la cola de pasajeros que aguardábamos a pasar la aduana se convirtió en una fila de blancos, mientras los nativos pasaban sin control de la mano de los hombres de bata blanca. Entre ellos nuestro compañero chadiano canadiense.
Tras pasar los controles, tras unas rejas tétricas, estaban Carlos, nuestro amigo que nació en Reinosa pero ahora es chadiano; Cristian, otro cura de aquí; Alice, nuestra compañera de piso, y sus padres, que habían pasado unos días de visita.
Nos subimos al coche, un Toyota pick-up, y fuimos al centro de acogida de kabalaye, donde pasaríamos nuestra primera noche. Los centros de acogida son como hostales baratos que llevan monjas, que por supuesto, como los curas, no lo parecen.
El primer trayecto fue impactante, todo muy oscuro, pero se adivinaban las siluetas de muchas personas sentadas a un lado y a otro de la acera, a veces en torno a un buen fuego. Pasamos por delante del palacio presidencial, una calle vacía de personas pero llena de militares armados hasta los dientes. Era extraña la sensación de pasar encañonado por la calle más peligrosa de la capital. Peligrosa por los militares, que no te dejan parar allí, ni hacer fotos, ni casi mirar. De hecho cuando los rebeldes llegaron el pasado febrero, el palacio fue su principal objetivo, entorno a él se desarrollaban los principales combates. El centro de acogida estaba muy cerca. Tras mostrarnos nuestra habitación, nos sentamos un rato con Carlos y Alice, a la luz de miles de estrellas y el bombardeo de millones de mosquitos que empezaban a probar la sangre fresca española, especialmente la Mariu, que tenía el culo hinchado como si le hubiese mordido una gran bestia. Fue el momento de conocernos un poco más. Alice entiende bastante español, y con un poco de esto y un poco de aquello fue suficiente.
El centro estaba muy bien, sencillo pero limpio, eso sí sin luz y con bastantes amiguitos como hormigas locas, cucarachas de palmo y medio, algún lagarto y mucho mosquito. La primera noche dormimos de maravilla, los colchones son de esos antiguos que aún se conservan por algún pueblo español, con la diferencia que aquí son de algodón el lugar de lana. Hacía calor, pero podía más el cansancio de pasar un día de viaje por medio mundo. Se oían ruidos durante la noche, aquí supuestamente la gente se acuesta pronto, al menos los blancos, porque la vida comienza muy muy temprano. Alrededor de las 4 de la mañana el minarete de la mezquita de djamena comenzó a vociferar para llamar al rezo. A las 6 los cristianos van a misa y las campanadas son incesantes, mucho tiempo sin parar de sonar. Además era incesante el paso de cohces, camiones, gente…..Y aún así pudimos descansar, impactados por nuestros primeros minutos, sin ser todavía conscientes de donde nos encontrábamos.
Continuará……………………..
P.D: En cuanto podamos pondremos las primeras fotos, ya tenemos el ritmo africano en el cuerpo.
La aventura comenzó hace un par de días. Fue en la despedida en Barajas, cuando fuimos realmente conscientes de en dónde nos embarcábamos, o al menos eso creíamos. El viaje a París normal, la espera allí interminable. Cuando encontramos nuestra puerta de embarque empezamos a observar a quienes serían nuestros compañeros de viaje, un puñao de negros y muchos, casi todos, blancos, sobre todo militares alemanes. Tuvimos la desgracia de tener plazas separadas, aunque cercanas, uno detrás del otro. A mi izquierda un chadiano, café con leche, bastante joven, que se atrevió a romper el hielo cuando sirvieron la comida. Me contó que volvía a visitar a la familia tras 10 años en Canada. Se le veía muy nervioso, inquieto y pensativo. Puedo imaginar, o no, las sensaciones que le recorrían el cuerpo, las ganas de volver a ver a su familia, de recordar su ciudad, su casa, su infancia, su sitio. A mi derecha uno de esos bigardos alemanes con cara de asesinos, con el que también pude hablar un rato. Me contó que volvía por segunda vez a trabajar en la construcción de campos de refugiados en Darfur, le pregunté sobre sus sentimientos, cómo se sentía al trabajar en una zona tan dura, él nada, que muy bien, mucho polvo y calor, pero como si fuese una roca que ni sentía ni padecía por nadie, ni siquiera era capaz de dar una mínima opinión personal. Y ahí tenía, a cada lado, dos mundos completamente distintos. Ah se me olvidaba, en ingles con los dos.
La llegada a Djamena fue interminable, intentaba dormir las últimas horas pero era difícil, más aún entre esos dos armarios, pero sobre todo la incertidumbre ante lo que nos aguardaba. No podía parar de pensar que estaba volando sobre Africa.
Y por fin aterrizó el avión. Raquel nos había recomendado salir cuanto antes, los controles de aduana siempre son difíciles, más aún si estas en Africa y sobre todo si eres blanco, así que era mejor pronto, que los militares aún estaban tranquilos. Fuimos de los primeros blancos en presentar la documentación, en una humilde terminal, tras un pequeño cristal, un militar te hacía las típicas preguntas, pedía visados, etc. Después nada de los miedos que teníamos, ni registros, ni sobornos, ni maletas perdidas. Lo que sí veíamos era un movimiento incesante de personas de blanco, las que se suponía que tenían que revisar nuestra cartilla de vacunación, que por supuesto no nos revisaron, que saludaban a “amigos” que venían en nuestro vuelo, unos abrazos, y la cola de pasajeros que aguardábamos a pasar la aduana se convirtió en una fila de blancos, mientras los nativos pasaban sin control de la mano de los hombres de bata blanca. Entre ellos nuestro compañero chadiano canadiense.
Tras pasar los controles, tras unas rejas tétricas, estaban Carlos, nuestro amigo que nació en Reinosa pero ahora es chadiano; Cristian, otro cura de aquí; Alice, nuestra compañera de piso, y sus padres, que habían pasado unos días de visita.
Nos subimos al coche, un Toyota pick-up, y fuimos al centro de acogida de kabalaye, donde pasaríamos nuestra primera noche. Los centros de acogida son como hostales baratos que llevan monjas, que por supuesto, como los curas, no lo parecen.
El primer trayecto fue impactante, todo muy oscuro, pero se adivinaban las siluetas de muchas personas sentadas a un lado y a otro de la acera, a veces en torno a un buen fuego. Pasamos por delante del palacio presidencial, una calle vacía de personas pero llena de militares armados hasta los dientes. Era extraña la sensación de pasar encañonado por la calle más peligrosa de la capital. Peligrosa por los militares, que no te dejan parar allí, ni hacer fotos, ni casi mirar. De hecho cuando los rebeldes llegaron el pasado febrero, el palacio fue su principal objetivo, entorno a él se desarrollaban los principales combates. El centro de acogida estaba muy cerca. Tras mostrarnos nuestra habitación, nos sentamos un rato con Carlos y Alice, a la luz de miles de estrellas y el bombardeo de millones de mosquitos que empezaban a probar la sangre fresca española, especialmente la Mariu, que tenía el culo hinchado como si le hubiese mordido una gran bestia. Fue el momento de conocernos un poco más. Alice entiende bastante español, y con un poco de esto y un poco de aquello fue suficiente.
El centro estaba muy bien, sencillo pero limpio, eso sí sin luz y con bastantes amiguitos como hormigas locas, cucarachas de palmo y medio, algún lagarto y mucho mosquito. La primera noche dormimos de maravilla, los colchones son de esos antiguos que aún se conservan por algún pueblo español, con la diferencia que aquí son de algodón el lugar de lana. Hacía calor, pero podía más el cansancio de pasar un día de viaje por medio mundo. Se oían ruidos durante la noche, aquí supuestamente la gente se acuesta pronto, al menos los blancos, porque la vida comienza muy muy temprano. Alrededor de las 4 de la mañana el minarete de la mezquita de djamena comenzó a vociferar para llamar al rezo. A las 6 los cristianos van a misa y las campanadas son incesantes, mucho tiempo sin parar de sonar. Además era incesante el paso de cohces, camiones, gente…..Y aún así pudimos descansar, impactados por nuestros primeros minutos, sin ser todavía conscientes de donde nos encontrábamos.
Continuará……………………..
P.D: En cuanto podamos pondremos las primeras fotos, ya tenemos el ritmo africano en el cuerpo.
domingo, 4 de enero de 2009
¿Por qué nos vamos?
Exiten varias razones por las que hemos decidido irnos a un sitio como Laï, algunos las entenderán y otros no, sabemos que no tiene mucho sentido que unos chicos que han terminado la carrera de económicas, con tantas "salidas profesionales", hayan decidido emprender esta aventura.
Nuestro último año de carrera nos ha enseñado muchísimas cosas, gracias a la especialidad que elegimos hemos podido ver nuevas visiones de la economía que nadie nos había mostrado en 5 años de carrera. Parecía mentira, pero había otro mundo, mucho más interesante, más allá del máximo beneficio y de la economía neoclásica. Un montón de teorías y conceptos que podían ayudarnos a comprender el funcionamiento real de la economía mundial.
A pesar de todo lo que aprendimos, aún no comprendíamos la situación en la que se encuentran muchísimos países del mundo, los cuales no tienen ni para dar de comer a su población, donde la principal causa de mortalidad infantil es por falta de alimentos, medicamentos, agua... Y para ver lo que realmente pasa en estos países la única forma de conocerlo es vivirlo en primera persona.
Para poder hablar de teorías de desarrollo, de países desarrollados y subdesarrollados, de comercio justo, de los efetos arrasadores de la globalización con el mayor conocimiento posible hemos querido empaparnos de todo lo que un país como el Chad nos puede aportar y enseñar.
Gracias a nuestr@s amigos de ADANE, concretamente a Nuria y a su familia, Francesc y Mireia, hemos podido realizar nuestro sueño y poner en marcha un proyecto muy interesnte junto los Combonianos en Laï. Les agradecemos a todos ellos que todo esto salga adelante, agradecer a nuetros familiales por ayudarnos en TODO lo que hemos necesitado, a nuestros amigos por apoyarnos y a todos y todas que han creído siempre en nosotros. Gracias al apoyo que estamos teniendo paso a paso vamos consiguiendo nuevas metas, y cada meta se corvierte en un nuevo paso para seguir adelante.
GRACIAS
Nuestro último año de carrera nos ha enseñado muchísimas cosas, gracias a la especialidad que elegimos hemos podido ver nuevas visiones de la economía que nadie nos había mostrado en 5 años de carrera. Parecía mentira, pero había otro mundo, mucho más interesante, más allá del máximo beneficio y de la economía neoclásica. Un montón de teorías y conceptos que podían ayudarnos a comprender el funcionamiento real de la economía mundial.
A pesar de todo lo que aprendimos, aún no comprendíamos la situación en la que se encuentran muchísimos países del mundo, los cuales no tienen ni para dar de comer a su población, donde la principal causa de mortalidad infantil es por falta de alimentos, medicamentos, agua... Y para ver lo que realmente pasa en estos países la única forma de conocerlo es vivirlo en primera persona.
Para poder hablar de teorías de desarrollo, de países desarrollados y subdesarrollados, de comercio justo, de los efetos arrasadores de la globalización con el mayor conocimiento posible hemos querido empaparnos de todo lo que un país como el Chad nos puede aportar y enseñar.
Gracias a nuestr@s amigos de ADANE, concretamente a Nuria y a su familia, Francesc y Mireia, hemos podido realizar nuestro sueño y poner en marcha un proyecto muy interesnte junto los Combonianos en Laï. Les agradecemos a todos ellos que todo esto salga adelante, agradecer a nuetros familiales por ayudarnos en TODO lo que hemos necesitado, a nuestros amigos por apoyarnos y a todos y todas que han creído siempre en nosotros. Gracias al apoyo que estamos teniendo paso a paso vamos consiguiendo nuevas metas, y cada meta se corvierte en un nuevo paso para seguir adelante.
GRACIAS
viernes, 12 de diciembre de 2008
Laï

Como suele ocurrir con la mayoría de paises, mucho más con aquellos denominados "subdesarrollados" donde las infraestructuras escasean, las distancias son mucho mayores de lo que parece. La mayoría de la información que suele llegarnos del Chad, se refiere al conflicto de Darfur, en el este del país, y en todo caso de la capital. En un mismo territorio se esconden realidades muy diversas, aisladas unas de otras, con etnias, idiomas, recursos y ecosistemas muy distintos.
Nosotros estaremos en la región de Tandjilé, situada al Sur del país, concretamente en la ciudad de Laï.
Economía
Chad tiene un producto interior bruto (PIB) de 2.608 millones de dólares (según estimación del Banco Mundial, para 2003), equivalentes a 300 dólares per cápita, uno de los más bajos del mundo. La economía de Chad se desarrolla en gran medida sobre la agricultura de subsistencia; el 83% de la mano de obra está vinculada a las tareas agrícolas y a la cría de ganado. En 1992, las cifras del presupuesto nacional mostraban unos ingresos de 120 millones de dólares y unos gastos de 363 millones de dólares.
Este país es miembro de la Zona del franco y la unidad monetaria es el franco CFA (Comunidad Financiera Africana), dividido en 100 céntimos (581,20 francos CFA equivalen a 1 dólar estadounidense; 2003). En enero de 1994 la tasa de cambio fijada del franco CFA respecto al franco francés fue devaluada un 50%. En 2000 los costes de las importaciones eran de 290 millones de dólares, mientras que las exportaciones ascendían a 183 millones de dólares.
Aunque sólo el 2,9% del terreno de Chad está cultivado, los recursos agrícolas son de importancia esencial para su economía. El algodón es el único cultivo comercial importante de Chad y supone el 80,7% de todas las exportaciones. El cultivo del arroz está alcanzando cada vez más importancia. Para el consumo local se cultivan mijo, caña de azúcar, patatas (papas), batatas, judías (frijoles), cacahuetes o manises, tapioca, verduras y frutas. La cría de ganado es importante en la región central y en partes del norte. Las estimaciones del número cabezas de ganado en 2004 eran de 6,40 millones de cabezas de ganado vacuno, 2,57 millones de ovino, 5,72 millones de caprino, 735.000 camellos, 273.000 caballos y 5 millones de aves de corral. Alrededor de una tercera parte del terreno se usa para el pastoreo. Las capturas de pescado del lago Chad y los ríos Chari y Logone se estimaron en 84.000 t en 2001..
El procesado del algodón y el aceite de semilla de algodón, junto a la extracción de aceite de maní y el azúcar, son las principales industrias en Chad. Modernas plantas de empaquetado de carne se han establecido en Yamena y Sarh. La mayor parte de la actividad industrial restante produce artículos de consumo tales como cerveza, cigarros y jabón. La industria pesquera proporciona pescado fresco, seco y ahumado para consumo interior y para la exportación. El natrón es el principal mineral explotado. El campo de petróleo cerca del lago Chad ha sido unido por oleoducto a una nueva refinería en Yamena, pero la producción es todavía mínima. La silvicultura es importante en el sur. La producción anual de electricidad era de 96,1 millones de KWh en 2002.
Transporte y Comunicaciones
De una red de carreteras de 33.400 km, sólo el 1% está pavimentado. Chad no tiene ferrocarril. El aeropuerto internacional en Yamena permite el aterrizaje a grandes reactores, y otros 12 aeropuertos pueden utilizarse por aviones pequeños. La estación o emisora de radio en Yamena es de propiedad pública y emite programas en francés, árabe y en ocho lenguas africanas. La televisión se desarrolla por una compañía bajo control estatal. En 1997 estaban en uso alrededor de 2 millones de aparatos de radio, 10.900 receptores de televisión y 2 teléfono por cada 1.000 habitantes.
Gobierno
La inestabilidad política, surgida por los conflictos entre el gobierno y los grupos secesionistas respaldados por Libia, protagonizó el escenario político de Chad durante las décadas de 1970 y 1980. En 1989 entró en vigor una nueva Constitución que establecía la elección de un presidente y un Parlamento. Esta Constitución fue suspendida y el Parlamento disuelto, después de que un grupo insurgente, el Movimiento Patriótico de Salvación, dirigido por Idriss Déby, tomara el poder en diciembre de 1990. Una Conferencia Nacional empezó a trabajar el 15 de enero de 1993 para determinar el futuro político del país. Concluyó sus actividades el 7 de abril al adoptar una normativa transitoria y establecer una legislatura provisional, el Consejo Superior de Transición, elegido por delegados de la Conferencia, y un primer ministro. Déby permaneció como jefe del Estado. El periodo de transición fue acordado inicialmente para 12 meses y entró en vigor el 9 de abril de 1993. Se amplió por un año en abril de 1994, y después, en abril de 1995, por otros 9 meses. En 1996 se celebraron unas elecciones pluralistas que supusieron una nueva victoria para Déby.
(Fuente: "Chad," Enciclopedia Microsoft® Encarta® Online 2005)
Este país es miembro de la Zona del franco y la unidad monetaria es el franco CFA (Comunidad Financiera Africana), dividido en 100 céntimos (581,20 francos CFA equivalen a 1 dólar estadounidense; 2003). En enero de 1994 la tasa de cambio fijada del franco CFA respecto al franco francés fue devaluada un 50%. En 2000 los costes de las importaciones eran de 290 millones de dólares, mientras que las exportaciones ascendían a 183 millones de dólares.
Aunque sólo el 2,9% del terreno de Chad está cultivado, los recursos agrícolas son de importancia esencial para su economía. El algodón es el único cultivo comercial importante de Chad y supone el 80,7% de todas las exportaciones. El cultivo del arroz está alcanzando cada vez más importancia. Para el consumo local se cultivan mijo, caña de azúcar, patatas (papas), batatas, judías (frijoles), cacahuetes o manises, tapioca, verduras y frutas. La cría de ganado es importante en la región central y en partes del norte. Las estimaciones del número cabezas de ganado en 2004 eran de 6,40 millones de cabezas de ganado vacuno, 2,57 millones de ovino, 5,72 millones de caprino, 735.000 camellos, 273.000 caballos y 5 millones de aves de corral. Alrededor de una tercera parte del terreno se usa para el pastoreo. Las capturas de pescado del lago Chad y los ríos Chari y Logone se estimaron en 84.000 t en 2001..
El procesado del algodón y el aceite de semilla de algodón, junto a la extracción de aceite de maní y el azúcar, son las principales industrias en Chad. Modernas plantas de empaquetado de carne se han establecido en Yamena y Sarh. La mayor parte de la actividad industrial restante produce artículos de consumo tales como cerveza, cigarros y jabón. La industria pesquera proporciona pescado fresco, seco y ahumado para consumo interior y para la exportación. El natrón es el principal mineral explotado. El campo de petróleo cerca del lago Chad ha sido unido por oleoducto a una nueva refinería en Yamena, pero la producción es todavía mínima. La silvicultura es importante en el sur. La producción anual de electricidad era de 96,1 millones de KWh en 2002.
Transporte y Comunicaciones
De una red de carreteras de 33.400 km, sólo el 1% está pavimentado. Chad no tiene ferrocarril. El aeropuerto internacional en Yamena permite el aterrizaje a grandes reactores, y otros 12 aeropuertos pueden utilizarse por aviones pequeños. La estación o emisora de radio en Yamena es de propiedad pública y emite programas en francés, árabe y en ocho lenguas africanas. La televisión se desarrolla por una compañía bajo control estatal. En 1997 estaban en uso alrededor de 2 millones de aparatos de radio, 10.900 receptores de televisión y 2 teléfono por cada 1.000 habitantes.
Gobierno
La inestabilidad política, surgida por los conflictos entre el gobierno y los grupos secesionistas respaldados por Libia, protagonizó el escenario político de Chad durante las décadas de 1970 y 1980. En 1989 entró en vigor una nueva Constitución que establecía la elección de un presidente y un Parlamento. Esta Constitución fue suspendida y el Parlamento disuelto, después de que un grupo insurgente, el Movimiento Patriótico de Salvación, dirigido por Idriss Déby, tomara el poder en diciembre de 1990. Una Conferencia Nacional empezó a trabajar el 15 de enero de 1993 para determinar el futuro político del país. Concluyó sus actividades el 7 de abril al adoptar una normativa transitoria y establecer una legislatura provisional, el Consejo Superior de Transición, elegido por delegados de la Conferencia, y un primer ministro. Déby permaneció como jefe del Estado. El periodo de transición fue acordado inicialmente para 12 meses y entró en vigor el 9 de abril de 1993. Se amplió por un año en abril de 1994, y después, en abril de 1995, por otros 9 meses. En 1996 se celebraron unas elecciones pluralistas que supusieron una nueva victoria para Déby.
(Fuente: "Chad," Enciclopedia Microsoft® Encarta® Online 2005)
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